Esta semana mi clase teórica de la Universidad de Oviedo me la llevé a una de las denominadas aulas del futuro. Aulas que adaptan su espacio al proceso de enseñanza-aprendizaje y no a la inversa. Espacios educativos dotados de pantallas táctiles de última generación, diversos trastos tecnológicos y un claro valor diferencial: la posibilidad de mover libremente sillas, mesas y personas por sus diáfanos espacios, con la oportunidad que esto supone para romper con el modelo educativo tradicional y convertir al alumnado en el protagonista de su propio aprendizaje.

La experiencia fue fantástica, y no es una opinión personal, así lo expresó también mi alumnado al abandonar el aula, que por primera vez en lo que llevo de docencia universitaria me dieron las gracias y mostraron su satisfacción por lo aprendido.

Mi propuesta didáctica quizás se prestase más ello, al fin y al cabo, mi objetivo era experimentar con robots y reflexionar sobre las posibilidades que nos ofrecen a nivel didáctico, ¿y a quién no le molan los robots? Pero en realidad en ese sentimiento de agradecimiento por lo aprendido se esconden muchos más factores: el movimiento libre por el aula, el aprender por descubrimiento, el alimentar la creatividad diseñando una actividad o el trabajo en equipo, entre muchos otros.

Como siempre recalco en mis clases, no importa la app, el juego o el dispositivo, sino la propuesta didáctica que lo acompaña y la metodología con la que se ponga en práctica. Lo de ayer, fue un ejemplo más de ello. ¿Te imaginas hacerlo en el típico aula magistral de mesas ancladas y mensajes unidireccionales? ¿Te imaginas que simplemente les cuento que es el pensamiento computacional en modo soliloquio? Todo hubiera sido muy diferente, porque el verdadero cambio no vino por usar robots, sino por la metodología y el espacio.

Me queda mucho por aprender y mejorar como docente, pero ayer me sentí realizado. No comparto esta experiencia simplemente por postureo. Desde que me doctoré me siento en deuda por compartir experiencias y conocimientos y esta era una buena oportunidad para empezar con ello, reivindicando más espacios como el aula dinámica de la Facultad de Formación del Profesorado y Educación de la Universidad de Oviedo, y poniendo en valor la metodología por encima de la tecnología.

Porque #OtraEducaciónEsPosible si nos lo proponemos.

Palabra de pedagogo, te rogamos óyenos.